GRAFICANDO ÍDOLOS

«TAPITA E´ GRÁFICO»
a EZEQUIEL «NEGRITO» BUSTAMANTE

por Alfredo Armando Aguirre

Todavía, se publica, una revista norteamericana, que era más difundida décadas atrás por estas latitudes. Tal vez algún memorioso, recuerde que había en ella una sección titulada «Mi personaje inolvidable». En ella se volcaban las semblanzas de personas que mucho habían impactado a sus respectivos autores.

Hace muchos años que deseo plasmar una semblanza de “Mi personaje inolvidable», y por aquello de «que nadie tiene la vida comprada», me apresto a hacerlo en las líneas que siguen.

Lo conocí hacia fines de 1962, en el Parque «Los Derechos del Trabajador» (entonces le habían cambiado el nombre) de Villa Dominico. La pista atlética de dicho parque, concentraba a los corredores pedestres de más notoriedad de esa época y era frecuentado por ases de otras épocas. Tenía yo por entonces poco más de quince años, cuando me impresionó un señor, de por entonces 51 años, que se destacaba del resto, por su forma de expresarse y por su carácter a todas luces extrovertidas.

Se trataba del Ezequiel Bustamante, el «Negrito», como él mismo se había bautizado. Pero nuestro personaje, que hizo mucho por construir su leyenda, tenía una especie de promotor casi involuntario. Se trataba de don Roger Ceballos, otrora múltiple campeón de fondo de los años treinta, que como Bustamante también frecuentaba el Parque Domínico, y siempre hacía de difusor de las andanzas del » Negrito».

En realidad Ceballos, hacia caricaturas de las actitudes del Negrito y ponía en duda muchas de sus afirmaciones.
Sin embargo, desde esa época, me impresionaba porque Bustamante, era lo que luego iría considerando como un filósofo de su metier.

Así le escuche decir conceptos que aún creo vigentes: «el atletismo es el deporte de los líricos. El que todo lo da y nada pide», o este otro: «la pista (la de atletismo se entiende) es un laboratorio donde se pulen y corrigen los defectos».

El «Negrito», era mulato, de descendientes de aquellos africanos que era frecuente ver en nuestra niñez en la ensenada de Barragán y que terminaron mixturándose con gringos y criollos.


La tapa que “El Gráfico” le dedicó a “El Negro” Bustamante.

Bustamante, solía repetir con un latiguillo, mientras se daba suaves cachetadas. «El Negrito, Tapita e´GRAFICO». Con ello aludía, a su condición de ganador de la entonces famosa «Maratón de los Barrios», que organizó por mucho tiempo la revista “El Gráfico”. Uno de los premios más ambicionados por los corredores pedestres, era salir en la tapa de la revista como consecuencia de haber ganado la carrera.

La misma fue por mucho tiempo, para no ganadores, es decir que el que la ganaba no podía participar al año siguiente y el bueno de Bustamante, la había ganado en 1949, y con ese sentido de la promoción (que luego conoceríamos en Cassius Clay y en Bonavena), “El Negrito” se autotituló «el campeón de los cien barrios porteños», parafraseando al ya popularísimo Alberto Castillo, bautizado como el cantor de los cien Barrios Porteños».

Hacía esa fecha, Bustamante no era un desconocido en el atletismo. Había aparecido al firmamento atlético durante el campeonato sudamericano de Lima de 1939. (Hace poco vimos en la ciudad de Chacabuco, donde reside la señora hija de quien fuera el gran lanzador de martillo de Junín, Juan Fuse, fotos de aquel campeonato, del que nos había hablado Ceballos, y donde Bustamante aparecía con su larga melena con raya al medio, que con el paso del tiempo desaparecería).

Alguna cuenta con la justicia, según él insinuaba con peculiar picardía, lo sustrajo por un tiempo de los campos deportivos, a los que había ingresado representando a Gimnasia y Esgrima de La Plata.

A propósito de Ceballos, Bustamente solía llevar en su billetera un recorte de diarios, que testimoniaba que alguna vez le había ganado. Ganarle deportivamente a un adversario, para él significaba «embolsarlo» y por mucho tiempo, «embolsar» en el ambiente de las carreras pedestres fue sinónimo de ganarle a alguien.

Si usted ya está pensando que un personaje como el que estamos memorando, adhirió sin reservas al fenómeno peronista, no se ha equivocado.
Tal vez exagere si afirmo que Bustamante era un arquetipo de lo que fue la Nueva Argentina de Evita y de Perón, que muchos añoramos.

Como “El Negrito”, al advenimiento del peronismo, ya no era joven, supo desplegar toda su capacidad histriónica y de relaciones públicas durante esa época.

Dicen que una vez el general Perón, fue a ver una justa atlética y al ver la carrera de fondo del programa. Preguntó: ¿no corre Bustamante?. Y algo de cierto debía haber, porque en 1974, un marino retirado que era subsecretario de Marina Mercante y que había sido jefe de la Casa Militar en la Casa Rosada, durante las primeras presidencias de Perón, al enterarse que corríamos maratones, me preguntó: ¿usted lo conoce a Bustamante? Cabe acotar que al regresar al país en 1972, el general Perón a una de las primeras personalidades que recibió por supuesto fue a “El Negrito”.

Mas antes de continuar con más anécdotas risueñas de nuestro «Personaje Inolvidable», hay que recordar que cuando vinieron la épocas duras de proscripción del peronismo,”El Negrito” nunca negaba su condición de tal, en épocas donde muchos callaban.

Recuerdo que él decía que no había ido a un evento, castigado por ser peronista. Con el tiempo entendí de lo que hablaba. Su condición de atleta era muy buena, aunque estaba eclipsado por la existencia de verdaderos monstruos de nivel mundial como Cabrera , Gorno y luego por Suarez y Lemos que los sucederían.

Pero atrás de ello siempre estaba “El Negro”, que incluso llegó a correr con singular éxito hasta los cincuenta años. Su peculiar estilo, le permitió viajar mucho al exterior. En ese entonces, el nivel de las carreras pedestres en Estados Unidos era muy bajo y el muy pícaro se cansó de ganar carreras por allí. Incluso él decía que siendo legislador estadual (provincial), había recibido un premio de las manos del mismísimo John Keneddy.

“El Negro» contaba la anécdota, y atrás «Ceballitos», le hacía chanzas, poniendo en duda esa afirmación. Con el tiempo, y viéndolo con perspectiva histórica, parece que esto, como muchas cosas que le oí eran ciertas.
Pero hay una anécdota, que lo pinta de cuerpo y alma. Hacia fines de 1954, se realizaron en Japón dos eventos deportivos: la pelea por el título Mosca de boxeo, entre Pascualito Perez y Yoshio Shirai, y la Maratón de Ashasi.

A esta maratón viajaron Cabrera y Gorno, acompañados por el manager Rodolfo Stirling, y en el mismo avión “El Negrito”. Stirling, no lo quería a “El Negro”, colijo yo porque “El Negro” era más «vivo» que él. La cuestión es que al llegar a Tokio, después de un agotador viaje, estaba el auto de la Embajada Argentina: ¡Esperando a Bustamante!

En su peculiar lenguaje, “El Negro” decía, que Perón había mandado un telegrama que decía: «Atiéndanlo bien a ‘El Negro’».
No creo que ese fuera el lenguaje utilizado, pero la cosa no paró allí. El embajador hizo una recepción y, como se estila, recibía a sus invitados en la puerta. ¿Imagina el lector quien recibía junto al embajador? ¿Adivinaron?

En la maratón que ganó Gorno, “El Negro” como Cabrera abandonaron. Pero si uno mira la película, donde Pascual Perez gana el campeonato del mundo, ve que un señor de blanco que lo levanta a Pascualito. Ese señor vestido de blanco que estaba en el rincón, ¿quién era? Si alguna vez el eventual lector ve ese noticiero, conocerá a “El Negrito Bustamante”.

Las malas lenguas, decían que al volver de Japón, Pascual Perez lo andaba buscando a “El Negro” por Domínico, porque parece que había alguna diferencia de negocios. Pero eso era parte de la leyenda que él contribuyó a alimentar. Cuando veía el noticiero de Tokio, no pude dejar de recordar que a fines de 1962, antes de la famosa corrida de San Silvestre, un canal de televisión vino a filmar al entonces famoso Osvaldo Suarez y allí, cuando hicimos la filiación, “El Negro”, como lo hizo con Pascualito, lo alzó esta vez a Suarez «robando cámara»(como ahora le dicen). Usted estará pensado en «Figuretii». ¿Verdad?

Una vez en 1963, participamos en una posta atlética entre Buenos aires y Junín, organizada por otro personaje del deporte popular argentino, el «Gordo» Adolfo Ortiz. Al llegar a Junín, donde esperaba la gente volcada a las calles, “El Negrito” se enfundó en un buzo de vivos colores (dicen que alguna vez usó uno de lame), tomó una antorcha y comenzó a correr portándola.

También dicen que el inventor de las carreras pedestres de antorchas fue el mismísimo “Negrito” (aún tenemos una marca de nuestra mano, de las quemaduras que una nos provocara durante la maratón de las antorchas para festejar el 75º aniversario de Gimnasia y Esgrima de La Plata, en 1962).

En1967 terminamos bastante maltrechos la Maratón del Campeonato Sudamericano, realizado en Buenos Aires. En la llegada estaba Don Ezequiel, con su elegancia particular: traje azul claro, sombrero orion verde botella y un clavel rojo en el ojal, la tribuna me aplaudía largamente. Me fui dando cuenta luego, que ese aplauso lo había organizado él, haciendo una apología de lo que significaba correr una maratón de 42 kilometros, como las tantas que el había corrido.

“El Negrito” dejó este mundo, plácidamente, en la primavera de 1977. Pocos meses antes, tuvimos la suerte de promover un homenaje a los grandes fondo argentino, con el aporte inestimable del Sindicato del Seguro.

Allí por última vez los vimos juntos a Zabala, a Cabrera, a Gorno, a Lemos, a Corsino Fernandez, a Guillermo Weller, y a nuestro Ezequiel “Negrito” Bustamante.

Para las renovadas camadas de corredores pedestres, para los que aún siguen creyendo en el lirismo deportivo, tal cual lo predicaba Pierre de Coubertin. Vaya pues esta semblanza de alguien que seguramente tiene méritos para pasar a la galería de los «Personajes Inolvidables» no sólo del deporte sino de la cultura popular argentina. Ezequiel Bustamante»: Tapita e’ Gráfico». Me parece que hasta merece que algún cineasta se ocupe de él. (Buenos Aires 12 de diciembre de 1997).

(*) Es Licenciado en Ciencias Políticas, ex asesor en la Secretaría de Deporte de la Nación.

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