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LA MUERTE DEL CISNE O LA LARGA VIDA DE LOS GANSOS DE SIEMPRE

por Víctor José Del Vento Grela

Alberto Alesi es un viejo remero de la cultura en estos mares de la sempiterna concepción oficial, -sea municipal o nacional-, que hace lo imposible por que los lugareños no seamos siempre los cornalitos del gran acuario cultural.

Con Alberto, para usar un slogan remanido -y modificado-; “nos une el espanto por la bajada cultural en los barrios del sur”.
Aclarado el punto; el susodicho se presentó con su bella hija “Cande” -de aquí en más- y una dama de porte digno a primera vista.

Había oído de Lila Fontana, -de ella se trata-, aunque no la conocía personalmente. Sé de su persona y de su obra y tiene “créditos” acumulados que la honran generosamente.
Pero Lila 345, Cande y Alberto, llegaron a la redacción en busca del sentido común perdido; -no el de ellos, por supuesto-.

Lila 345 es bailarina. Desde los siete años.
Nacida en un hogar humilde, los viejos le bancaron los estudios de danza en el Conservatorio. Armó su vida y un día pretendió que otras chicas y chicos tuviesen su misma oportunidad. Pero, claro; ¿cómo costear esta carrera exigente cuándo apenas los viejos tienen para el puchero?

Lila 345 tuvo la respuesta durante el Gobierno de Alfonsín. El escultor Elios Buira, fundador del Centro Cultural Juan Carlos Castagnino en la Escuela 21 del D.E. 20, “Alicia Moureau de Justo”, le cede un espacio y nace así la 1er Escuela de Danza del barrio.

Lila 345 arrancó de cero. No sería fácil reclutar adeptos en un ámbito a priori poco proclive a la férrea disciplina de una de las artes más bellas y armónicas de un cuerpo humano. Sobre todo si ese cuerpo humano come salteado. Pero la tenacidad de esta mujer y la fe de otras que le dijeron que si a una propuesta nueva pudieron más que el desinterés.

25 años se cumplieron de la escuela de Lila 345. Su “plantel” de alumnos no baja de 100 inscriptos por año y hasta con lista de espera. Los vecinos ya conocen a Lila 345 y seguramente no esperan que sus hija/os se conviertan en Julio Bocca o Eleonora Cassano; pero si en mejores personas.

Esta mujer de gran claridad, firmeza y humildad, se reconoce rigurosa para un arte que así lo exige, pero se apasiona cuando habla de su alumnado.
También la recorre la emoción cuando pasa lista de su prole; desde su esposo Oscar, sus hijos Marcelo, Fabián, Laura y Guadalupe, sus hijos políticos Marina, Silvia, Fabián y Leandro y sus nietos; Samanta, Matías, Sebastián, Malena, Santiago, Rocco, Facundo y Serena. Al cierre de esta nota ignoramos si a todos estos hay que agregarle alguna mascota.
Hasta aquí la parte buena de la historia y de aquí en más…….

Terminando el 2008, una empresa llegó para “hacer obras” en el colegio. Lo que Lila 345 no imaginaba es que arrancarían de cuajo el bello piso de madera que los mismos padres ayudaron a colocar junto con las barras y los espejos. Pero un cheque sin fondos del 29 de noviembre paró la obra y todo quedó cómo lo dejaron. Los obreros partieron con la parrilla para asar la falda hasta nuevo aviso.
En ese instante empezó el calvario de Lila 345. Cientos de llamadas telefónicas, notas, paseos forzados por despachos y ninguneos de todo tipo.

En el medio los disparates tragicómicos de los que “mandan y saben”; Diego Santilli y Carlos Pérez declaran de Interés Social y Cultural para la Ciudad de Buenos Aires el Taller de Danza de Lila 345….., ¿pero que día?……. el cinco de marzo de 2009. ¡CHAN!

Lila 345 juntó más de 500 firmas para que no le cierren el taller.

No quiere marchas.
No quiere cortes de rutas.
Jamás usaría a los chicos o a sus padres.
Quiere una solución pacífica y razonable.
Anhela volver a sus clases.
No pide el Colón….

Si lo sabe conteste y gánese una licuadora usada;

¿Saben que tenemos un Supervisor de Cultura en la zona que se llama Apo? ¿Le pagan un sueldo al Sr Apo?
¿Saben que en el C.G.P. tenemos varios empleados que ostentan el término cultura en sus cargos?
¿Saben que Hernán Lombardi siempre que le preguntan habla maravillas del taller de Lila 345? ¿Creen que Hernán Lombardi hará algo para evitar el cierre definitivo?
¿Saben que nadie se acercó para darle una solución alternativa a Lila 345 con excepción del Club Yupanqui o Gian Paollo Minelli (el querido suizo) que le ofrecieron sus instalaciones?
¿Saben que Yupanqui está alejado para las chicas y chicos y que el galpón del suizo no está en las mejores condiciones?
¿Saben que el Taller de Danzas de Lila 345 ES ABSOLUTAMENTE GRATUITO?
¿Saben que es EL ÚNICO en toda la Ciudad de Buenos Aires?
¿Saben que Lila 345 cómo empleada paga, del Gobierno de la Ciudad, cumple rigurosamente con sus horarios aunque no puede hacer nada?

DE ÚLTIMA:
¿Saben por qué al nombre de Lila le agregamos la cifra 345?

Porque eso es lo que le paga por dar clases el Gobierno de la Ciudad.

En tanto, en otros rincones de la ciudad se agazapa gente con sellos de goma y extensos títulos de cargos
inventados para la ocasión, que ganan cómo si hiciesen algo por nuestro pueblo. Y no solo de cultura

«La función del arte en la sociedad es edificar, reconstruirnos cuando estamos en peligro de derrumbe.»
Sigmund Freud

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