BENDITA XENOFOBIA

por Víctor José Del Vento

Envidio. Sí; envidio, -y como-, a los vecinos que resisten otra toma en Lugano. Aunque ya debiesen resignarse a manos de connacionales y extranjeros, a esta eterna “Campaña del Desierto”, siguen “amotinándose” a la fecha. Porfiados como gallos atorados con tripas, no aceptan los tantísimos maloneos con y sin éxito. Y si, en ocasiones son derrotados, como en el Indoamericano en 2011, o un par de semanas atrás, en el barrio Pirelli. Pero obtienen resonantes victorias, como la asombrosa desaparición de la (ex) calle Bermejo entre el 6300 y el 6900, (paralela a las vías del FFCC Belgrano en su cruce con la avda. Piedra Buena), a manos de un asentamiento, -hoy Villa Bermejo, obvio-. Sí. Leyó bien: una calle entera de la ciudad. Una calle por donde antes circulaban vecinos, vehículos y perros sin dueños. –. O malonean espacios privados, como los lindes enormes de la fábrica CAMEA desde 2009.

Hace días, asistimos a marchas cuasi noctámbulas, contra la nueva toma del predio de la vieja playa judicial de la Policía Federal. No es el primer intento, hubo unos cuantos anteriores, claro. Pero con desalojos incluidos, solo uno o dos y de un grupo escaso, porqué los demás –que fueron varios-, se arreglaron con las eternas transas entre políticos de turno (no solo de esta gestión) y los punteros piratones de la villa. Estas transas significaron siempre prebendas y negociados para los caciques villeros.

Cada reclamo suma más vecinos que dejan por un par de horas sus viejas casas, los departamentos de las torres de los distintos complejos del barrio o dejan de atender los mostradores de sus comercios. Están muy calientes; tanto como para sacar a patadas en el culo a lamentables seudo políticos locales, que intentaron encabezar las marchas con el mismo entusiasmo, -algunos de ellos, no todos-, con que se asociaron hasta hace poco con el principal acusado de la toma. Pero los vecinos ya los conocen y no los quieren ver ni cerca. Cierto es también, que como en todo acto popular que se precie, hay infiltrados, y en esta toma, hay vecinos que ocultan su alianza secreta con algún pope cuasi calvo del PRO, calentando la pava al desprevenido y “despolitizado” resto, para incendiar aún más la situación, llegando casi al absurdo de pretender en una marcha enfrentarse con la Policía Federal, como si se tratase de “la 12 o los borrachos del tablón, en lugar de las doñas y doños del Lugano de vecinos cualunques. Por cierto: cuan veloz surge de la nada la Federal para controlar a estos vecinos, cuando ni se mosquearon, -ni ellos ni los gendarmes-, el día de la toma, a pesar de los avisos COMPROBADOS ya judicialmente en la causa desde las 14:15 de ese domingo. Pero esto es otra historia….

Cada marcha, surge desde la vereda de enfrente un clamor unánime: “xenófobos”. Si: así los cualifican sus detractores, sin más. La xenofobia, contra toda creencia científica, es la única fobia (temor irracional y persistente hacia un ser u objeto cualquiera) que parece poder ser diagnosticada por cualquier cristiano. Así, a diario, escuchamos a muchas gentes del palo opositor al de los vecinos por la toma, soltarles el temible adjetivo. El objetivo claro es pintarles una cruz en el pecho, a quienes son sindicados como enemigos de “bolitas”, “paraguas”, “peruanos” y “de todos los negros” (eufemismo este que señala a los argentinos). Es así entonces, que todo aquel que esté en contra de la toma, es un racista consumado, un mataputos, un gorila, un facho, u otras beldades por el estilo. Claro que negar que sujetos de esta calaña existen, –y de seguro los habrá en la marcha-, sería una panacea y es una enormidad indemostrable como lo sería siguiendo esa misma línea, que todos los vecinos que marchan son hinchas de Yupanqui. Pero la calificación absoluta de xenófobo para todo aquel opositor a las tomas, es solo un recurso tan artero como berreta, de la peor doctrina ideológica por descolocar y correr el eje de la discusión, a manos de los degustadores de políticas más demagógicas que honestas, en supuesto favor de los más humildes. Hoy ese gusto parece pasar por un buen grupete de adeptos a la gestión y a la política del gobierno nacional, -leáse FPV-. Pero por acá nos conocemos todos y bastante, y se pueden señalar a los que de verdad toda su vida han ejercido esta fe, como a los que hoy se suben a este bondi y ayer cantaban tomados de la mano; el “pobres habrá siempre”, mientras se acomodaban sus noventosos sacos de hombreras anchas.

Y hablaba de la envidia, por qué no tengo la suerte de que quienes me conozcan del palo de la grey latinoamericanista me cuelguen el sambenito de xenófobo. Y por eso envidio a los marchantes: porque también me opongo a las tomas. Y me opongo con fe y denuedo. Y si, ¿porqué que es oponerse a las tomas?

SOY XENÓFOBO PORQUÉ:

1 No quiero que haya más tráfico de esclavos. En enero de 2014, vio la luz, el preocupante informe del fiscal federal Nº 6 Federico Delgado, que alerta sobre la “expansión progresiva de la tuberculosis en la Ciudad de Buenos Aires”, como consecuencia del trabajo esclavo en talleres clandestinos de costura. Mientras que en el interior del país la enfermedad disminuyó un 39% entre 1985 y 2011, en la Ciudad Autónoma aumento un 25%, según estadísticas oficiales. Este informe fue elaborado vía consulta a todos los hospitales de la ciudad, con seguimiento particular en el Santojanni, el Piñero, el Álvarez, el Vélez Sársfield, el Muñiz, y la Facultad de Medicina de la UBA. Para Delgado, el rebrote de tuberculosis “está relacionado con las condiciones de hacinamiento y extrema vulnerabilidad socioeconómica y cultural en que viven las víctimas de trata para explotación laboral, muchas de ellas migrantes provenientes de países con altas tasas de incidencia de la tuberculosis como Bolivia”. A partir de la información provista por el Hospital Álvarez a la Fiscalía, se conocieron casos en 13 escuelas de la Ciudad, de niñas y niños provenientes de entornos dedicados a rubro textil, “puntualmente talleres de costura, y que muchos vivían en los mismo sitios de trabajo en condiciones de enorme precariedad”. Macri: ¿y las campañas de difusión para prevención? Mal, gracias.

2 No quiero más edificaciones descontroladas. En 2013, el Director del hospital Santojanni, el Dr. Sergio Auger declaró una epidemia de caídas de altura de personas (en su mayoría niños y ancianos) en las villas de su área, por la enorme proliferación en los últimos años de construcciones de alto con escaleras sin protección, que en la villa 20 según estudios realizados, fue del 89,2%. Ese mismo estudio dice que 1 de cada 5 personas sufrió una caída de ese tipo. Macri: ¿y las campañas de difusión para prevención? Mal, gracias.

3 No quiero más vecinos contaminados. En mayo de 2008, la Legislatura porteña declaró la ley de emergencia ambiental, sanitaria y de infraestructura de la Villa 20 por el informe presentado en junio de 2007 (un ratito antes, ¿no?) por la Defensoría del Pueblo que denuncia que niños que viven en ese barrio “están contaminados con altas dosis de plomo en la sangre” (el proyecto fue presentado por el diputado kirchnerista Pablo Failde y mencionó un estudio epidemiológico que probaba que el 35% sobre un total de 60 niños, presenta valores superiores al máximo probable) Desde mayo de 2009 hubo 73 casos registrados en el Hospital Garrahan. ) Y también tienen el metabolismo distorsionado por la presencia de metales pesados y del asbesto (material constitutivo de las pastillas de frenos), potente cancerígeno prohibido desde hace diez años en la Unión Europea. La tierra y las napas tienen, además de plomo, cadmio, cinc, cobre, cromo, manganeso, níquel, selenio e hidrocarburos. Aclaremos que la declaración de la emergencia ambiental y sanitaria obligaba expresamente al gobierno porteño a realizar tareas de adecuación de la infraestructura, como la instalación de una red de desagües cloacales y pluviales, así como de electricidad y gas. También obliga a las autoridades a dar “tratamiento integral” a todas las personas que sufran daños en su salud como consecuencia de esta situación ambiental. Macri: ¿y el hospital de Lugano? Mal, gracias.

4 No quiero más chicos sin escuelas. El Gobierno Porteño reconoció en diciembre de 2013 la falta de unas 13.000 vacantes escolares tras un rotundo fracaso con la absurda inscripción online, asegurando que la matrícula creció enormemente en solo dos años. Según informes de distintos gremios docentes, el 60% de las carencias es en escuelas de la comuna 8 y María Eugenia Vidal declaró que “el error dejaría sin clases a 9000 y que el PRO lo sabía”. Macri: ¿y las escuelas públicas? Mal, gracias.

5 No quiero más gente malviviendo hacinada. La mayoría alquila carísimos espacios de 4 x 4 donde convive todo el grupo familiar. Solo el 10% de la villa tiene inodoros y no hay red de desagües cloacales y pluviales por la contaminación. Sugestivamente, la población de la Ciudad disminuyó en los últimos 10 años, pero las personas que se apiñan en las villas y asentamientos se duplicaron y es 3 veces mayor que en 1991. Pero las partidas para viviendas sociales se van reduciendo en el presupuesto del IVC desde 2005, o como en este año, se demuestra la subejecución de los programas a manos del PRO, con anuencia de la mayoría de sus socios del FPV en la Legislatura que salvo honrosas excepciones, protestan por ello. O se vacían las partidas. Macri: ¿si destinás las partidas porqué no las ejecutas? Misterio.

Estas son solo algunas razones por las que quiero ser xenófobo. Tengo más. Una extensa lista. Por eso apoyo a quienes se oponen a la toma. Por qué “los otros” quieren lo contrario, sosteniendo desde su nadería este estado de cosas. Apoyados en la insoportable gravedad del ser tibios con la vida de los otros, como sus dirigentes, que nunca han vivido en barrios como el nuestro que desborda de personas y ni tiene un hospital.

Sin una política nacional seria para las inmigraciones vamos mal. Pienso en mi madre gallega y en los hermanos italianos de mi viejo. Ella llegó sola en el ’49 a los 15 años, dejando a su familia como avanzada, con una carta de llamada de familiares suyos aquí y un trabajo como aprendiz en una humilde peluquería de Pompeya, y cumplió. La familia de mi viejo abandonó la convulsionada Italia de los ’20 con otra carta de llamada y un trabajo para mi abuelo en una fábrica. Tal vez puedan nuestros dirigentes algo así, como por ejemplo; que los inmigrantes no vengan solo llamados por sus parientes y amigos para sumarse a una economía en negro venturosa para pocos.

Ernesto Papaci tiene 72 años y fue amigo de mi viejo desde que lo contrató como albañil a mediados del ’60. Nació en Uyuni donde está el Salar más grande del mundo (12.000 km²). Hace rato repite: “En los ’60, los paisanos veníamos a trabajar de albañiles en Buenos Aires y en la verdura, la papa y la fruta por todo el país. Escapábamos de las muertes de las minas o de las muchas dictaduras, y siempre fuimos indios para todos. Ahora es distinto. Los paisanos con suerte vienen a trabajar en ropa trucha y los que no tienen suerte, son traídos como esclavos para los mismos talleres de ropa trucha”

La Villa 20 tiene 36 hectáreas y allí se calcula que malviven unas 45.000 mil personas, aunque no hay datos precisos. Pero los que no son xenófobos están de acuerdo. Segun datos oficiales del gobierno boliviano, el 65% de bolivianos por el mundo vive en la Argentina, el 2do lugar lo ocupa España con un 11%.

Pero los que gritan xénofobos a los que marchan contra la toma, quieren más a la gente… (dicen ellos)

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