Agua dos porcos de Roly Santos

Un ex policía, que languidece resistiéndose al retiro, acepta resolver un crimen en la selva de la triple frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina. Detrás del crimen hay un mundo peor que el que se imaginaba, que lo atrapa y sumerge en el lodo de relaciones de complicidad y traición donde para sobrevivir no puede confiar en nadie.

El film parece asumir la estética de género neo-noir, una búsqueda dirigida al policial negro. Al principio me hizo acordar al film Cuatro estaciones en la Habana, los cuadros dentro de cuadro, el color virado a los verdes, las locaciones, la rusticidad del protagonista. Pero, con el avance de la historia, los planos empezaron a repetirse. Los puntos de vista casi idénticos en todo el desarrollo de sus personajes provocan cierto estancamiento.

Lo mismo parece suceder con el guion y el cierre de las subtramas que abre. La gran variedad de personajes e historias parecen pelear por el protagonismo, creando quizás un desequilibrio de contenido en la resolución de sus tramas y poniendo en evidencia, aún más, la superficialidad de las características particulares de los personajes que presenta, en la que todxs parecen tener algo muy oscuro, perverso y complejo a desarrollar pero que nunca sabremos bien con exactitud.

Eso provoca que, por ejemplo, el conserje del hotel (personaje interpretado por Juan Manuel Tellategui) me recuerde a Norman Bates de Psicosis, pues es tan similar desde la óptica vana que, con solo verlo, provoca en mí una asociación. Quizás porque Hitchcock sí desarrolló su complejidad y utilicé dicho background para poder acercarme desde algún lado al personaje creado por Roly Santos pero, con ese guiño, sólo logré ver a Bates.

En cuanto a la música, podría decir que subraya impetuosamente las acciones dramáticas sumándole a la literalidad, a las subtramas interminables, a las resoluciones efectistas y a la ausencia de contradicciones en sus personajes, una herramienta decorativa más que nos aleja del verdadero universo del policial negro.


























Puntuación: 2 de 5.

Agua dos porcos, dirigida por Roly Santos, pone en escena temáticas como la trata de adultxs y niñxs, pedofilia, violencia doméstica, corrupción policial, asesinatos, entre otras, pero, al ser tantas, se queda narrando desde el estereotipo de sus personajes, apelando a lo efectista; esta decisión crea una distancia para con el público, impidiéndole la empatía para con la historia.

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