Medio Oriente al borde de una guerra global

El mundo está en alerta desde el pasado sábado, cuando Estados Unidos e Israel lideraron una serie de ataques contra Irán que acabaron con la vida del Ayatolá Khamenei. La respuesta del país persa no se hizo esperar y llevó adelante una serie de bombardeos contra las bases estadounidenses en Medio Oriente y contra objetivos israelíes. ¿Cuánto podrá escalar este conflicto? ¿Será el comienzo de una Tercera Guerra Mundial?
En diálogo con FRECUENCIA ZERO, Juan Venturino, analista internacional, advirtió que el momento actual es “realmente muy peligroso” y sostuvo que el mundo no estuvo “tan cerca de una gran guerra” desde la crisis de los misiles en la Guerra Fría. A su entender, detrás de la escalada no solo hay razones religiosas o geopolíticas, sino una disputa estructural por el control de la energía y las cadenas de suministro. Señaló que el 30% del comercio mundial de petróleo atraviesa el estrecho de Ormuz y que el consumo global (unos 100 millones de barriles diarios) es inelástico, lo que convierte a la energía en un factor central de poder. En ese marco, planteó que Estados Unidos necesita garantizar su provisión y, al mismo tiempo, afectar la disponibilidad energética de China, hoy transformada en potencia industrial a partir de la globalización y la automatización de sus procesos productivos.
El analista consideró que el cambio de régimen en Irán es un objetivo que excede la coyuntura y responde a intereses históricos vinculados al petróleo. “Las potencias siempre han intervenido por negocios”, afirmó, y remarcó que Israel tiene un interés directo en debilitar a un enemigo con capacidad misilística real. Sin embargo, descartó que una transformación política sea inmediata: “No es soplar y hacer botellas”, explicó, al subrayar que Irán posee una estructura organizacional distinta a la occidental y una tradición estatal de larga data. Para Venturino, la combinación de poder militar, energía y alianzas estratégicas configura un tablero donde la disputa es tanto bélica como económica, y donde las guerras, concluyó, “son también una lógica de poder de la que las grandes potencias difícilmente se sustraigan”.




