Groenlandia y el nuevo tablero de poder global

El intento de Donald Trump por avanzar sobre Groenlandia volvió a tensar la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea, y encendió alertas en el escenario internacional. Aunque la idea de una anexión directa generó rechazo inmediato, en los últimos días comenzaron a circular versiones sobre un acuerdo en negociación cuyos detalles aún no fueron confirmados oficialmente. En un contexto marcado por la transición hacia un orden mundial multipolar, el movimiento estadounidense se inscribe en una disputa estratégica más amplia por el control del Ártico, una región clave tanto para la seguridad militar como para las futuras rutas comerciales.
En diálogo con FRECUENCIA ZERO, Gonzalo Dinamarca, analista en seguridad y comercio internacional, explicó que el accionar de Trump responde a una lógica de negociación agresiva, pero racional. Según detalló, el interés de Estados Unidos en Groenlandia no es prioritariamente económico, sino estratégico: la instalación de sistemas antimisiles, el control de rutas marítimas y la capacidad de contrarrestar la presencia rusa y china en el Ártico aparecen como los principales objetivos. En ese marco, sostuvo que el mandatario norteamericano podría haber pasado de un planteo maximalista (quedarse con toda la isla) a aceptar un esquema más limitado, basado en la cesión de parcelas para bases militares y despliegue de infraestructura defensiva.
Dinamarca advirtió además que este episodio debe leerse dentro de una transformación más profunda del sistema internacional, donde ya no existe una potencia hegemónica única. En ese escenario, Estados Unidos busca replegarse de ciertos frentes de conflicto y asegurar espacios considerados vitales para su seguridad nacional, incluso a costa de tensar alianzas históricas como la OTAN. La situación en Groenlandia, concluyó, refleja una etapa de creciente competencia entre potencias que, lejos de estabilizarse, podría intensificarse en las próximas décadas.




