EditorialPolíticaVíctor José Del Vento

OTRO Y OTRA LADRILLO EN LA PARED

Es mandato divino la inveterada costumbre de todo gobernante argento que se precie, sacarse la foto con cuanto personajote popular -indiscutido o no-, ande de visita por baires. Cristina y Mauricio no se perdieron la oportunidad de tener la polaroid para pegar en la heladera con el genial Roger Waters.

Aclaro que si yo fuese presidente (afanándole un cachito a Cantinflas) haría lo mismo. Citaría a mis amigotes de toda la vida para recibir a mi adorada Rita Pavone. Lo que jamás haría es mostrarme a la opinión pública zarandeándome con ella al ritmo frenético de “Il bailo del mattone”. Y no. Rita está grande y capaz que se quiebra la cadera en el solemne acto y la tenemos que hacer sacrificar por los granaderos. Y a mi no me gustan los velorios de famosos.

Debe ser una de las reglas básicas del manual del gobernante pelandrún, esta “ley” de sacarse la foto con cuanto fulano/a aterrize por estos lares causando sensación entre nos. El caso de Roger Waters es repetido, claro. Su caso es el de la clásica estrella geronte que nos visita para recrearnos con su magnifica obra gestada unos cuarenta años atrás…

No sirve discutir o no al artistuje en ciernes, que, absolutamente en bolas y de vuelta de la falopa y el escabio que lo tuvo a maltraer durante siglos, hoy, mientras se sacude con un tubo de oxigeno de los alpes suizos y bebiendo de a sorbos agua de su iceberg particular, esboza una conciencia global que nos hace llorar… de risa.

No es este el caso, pero ya hemos asistido a las tropelías verbales del rey de la demagogia en el escenario -y fuera-, cual es el mercachifle de Bono, o las declaraciones bajo y arriba del escenario y ante cámaras de los Maná, Arjona, Sabina, Madonna, etc., etc., sanatas estas, que los alejan bastante de la buena imagen que cada uno de nos imaginaba, otrora desde los vinilos, casetes, magazines, hoy desde los cd’s truchos.

Y si; lo que es a mí, cuando los veo acariciar un pibe de la villa o visitar un hogar de carenciados o hablar de temas que para ellos nunca estuvieron ni estarán cerca, me dan ganas que se queden mudos y que ya no puedan tocar ni el timbre.

La otra pata renga es la actitud berreta tipo “que progre soy y con quién me junto sexo drogas rock’n’roll y que jugador…” de los gobernantes. Desde jugadores celeste y blanco de fútbol, hockey, basquet o teto, a músicos, actores y a cuanto figurín a la moda ande suelto, han sido utilizados -y lo seguirán siendo- para fotografiarse y mostrarle al populacho cuán cultores son nuestros gobernantescos de lo popular.

Salir al balcón ante la multitud, o, interrumpir la agenda del día para la foto y el palabrerío de rigor cual Luther King rioplatense y Arturo Jauretche sajón, son una variable casi inalterable. Felicitaciones y recomendaciones con ceño fruncido de los visitantes sobre los eternos quilombos autóctonos que les susurran un rato antes al oído y las respuestas laudatorias de nuestros mandatarios en el sentido inapelable de “esta gestión está luchando para solucionar sarazazaza…” Terminado el intercambio de tres o cuatro puntos traducidos del inglés al castilla y viceversa (nuestros mandatarios no hablán un inglés comprensivo para los visitantes… Y; si no hablan un castellano comprensible para nos los súbditos…)

No todos los visitantes gozan del privilegio de la foto con los popes (¿O acaso alguién se sacó una foto con José Vélez o con Salvatore Adamo?) El artista debe estar por algun motivo en la cresta de la ola del interés público momentáneo del criollo. No importa si como Waters en su tierra tocan cada vez que pueden y casi siempre en centros de jubilados. No se trata de su calidad entónces, sino del marketing político que garpan a la hora de pasar por ventanilla. Y con el Pink Floyd, Cristina lo durmió a Mauricio, ya que si bien lo trajo él, la que lo primereó con la foto con el cotillón de las madres (si; en estos casos las usan para la fiesta), fue ella. Mauricio reventó, y en vez de pegar el poster de The Wall en la pieza, lo clavó en el “palacio del plata”. Igual después de la pegatina se sacó la foto. Ahora Mauri… ¿Cuánto costó el poster? ¿Para cuando uno de Spinetta?

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