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¿POR QUÉ LOS ALUMNOS LE PEGAN A LOS DOCENTES?

(San Pablo, Brasil) Lo que iba a ser una entrega de evaluaciones escritas como cualquier otra, se convirtió en una discusión intimidante, seguida de agresión física. Insatisfecha con la nota, la estudiante tomó los argumentos académicos para cuestionar la correción y avanzó hacia la profesora Christiane Souza Alves, durante la clase.

«Ella me insultó con los peores insultos, después se arrojó sobre mí cuando salía del aula y me empujó», dice Christiane, quien, después de 13 años de docencia, estuvo un semestre con escolta para de la institución educativa a su casa, sufrió ataques de pánico y comenzó a tomar antidepresivos. El suyo es otro triste episodio de las estadísticas de violencia en el aula.

La economista Christiane es profesora universitaria pública, ambiente donde se ha incrementado el número de agresiones a docentes, al igual que en las escuelas privadas.

Ella gritó,«A vos te pagan para que me apruebes'», dice Christiane.

La estudiante en cuestión, una joven de 20 años, sigue cursando en la universidad. Solo se le prohibió asistir a las clases de Christiane.

«La relación profesor-alumno terminó», afirma la profesora, quien pidió no identificar la institución en donde ocurrieron sus problemas pero se sabe que es en Minas Gerais, donde casi la mitad de las denuncias recibidas por una línea telefónica habilitada para abusos, proviene de la enseñanza privada.

El servicio para denunciar abusos, pionero en Brasil, fue creado en 2011, en respuesta a la muerte del profesor Kassio Vinicius Castro de Gomes, en diciembre de 2010.

Él fue asesinado a puñaladas en el hall principal de la Universidad Metodista Izabela Hendrix, una institución tradicional de educación superior de la capital minera, con pagos mensuales que rodean R$ 1.000 (US$ 540).

Profesores sin autoridad, estudiantes con exceso de poder y coordinaciones de escuelas omisas, constituyen la bomba de tiempo de la violencia escolar.

«Las aulas están cada vez más violentas porque la sociedad en sí también está violenta», dice la investigadora Jussara Paschoalino, autora de «Professor Desencantado: Matizes do Trabalho Docente» (Armazén de Ideas, 2009).

«Las agresiones contra los docentes provienen de muchos lugares, pero el mayor desgaste que percibo tiene que ver con los alumnos», ella agregó.

Una similar impresión fue captada por un estudio realizado por la International Stress Management Association (ISMA-BR).

De los 1.000 profesores entrevistados, el 46% indicó que la principal fuente de estrés es la indisciplina de los estudiantes, que muchas veces tiene eco en la omisión de los padres.

«Los maestros son más vulnerables a la agresión que otras profesiones», opina Ana Maria Rossi, presidente de Isma-BR.

Basta recordar que, sin compañía alguna, ellos tienen que mantener en el control de hasta 40 personas en forma simultánea. Y el riesgo es independiente de la edad.

«Sólo en los últimos 10 días hemos recibido 3 denuncias de amenazas contra profesores de universidades mineras. Esto enciende la advertencia también en ese nivel de educación«, afirmó el presidente del Sindicato de Profesores del Estado de Minas Gerais, Gilson Reyes, en entrevista a Istoé, el lunes 09/04.
Poco a poco, la preocupación invade la agenda de los sindicatos de diferentes estados.

En Río de Janeiro, después de haber comenzado una campaña para incentivar a los profesores a, fonoaudiología mediante, cuidar la voz, el organismo percibió que los trastornos en el habla eran, en la mayoría de los casos, sólo reacciones físicas a problemas mucho más complejos, de tipo emocional.

El hallazgo cambió el eje del trabajo. «Hemos aumentado la movilización para el tema de la salud mental de los profesores», dice el presidente del organismo, Wanderley Quedo.

Los psicólogos fueron capacitados para atender a los docentes y el sindicato creó una página web especializada, el saudedoprofessor.com.br/

Una iniciativa similar realiza el Sindicato de los Profesores de Enseñanza Privada de Río Grande do Sul (Sinpro-RS) desde 2008.

Roseli Cabistani, profesora de la Universidad Federal del Estado y asesora del servicio de atención al docente de Sinpro- RS, llama la atención sobre un problema común en el discurso de los docentes que participan en las ruedas de conversaciones promovidas por el sindicato: la desvalorización de la profesión.

La idea gana adeptos frente a los bajos salarios de la categoría, cuyo piso nacional es ahora R$ 1.451 (US$ 784) para 40 horas semanales. «El alumno está siendo envuelto en un discurso en el que es difícil admirar al maestro, porque él gana poco y, dentro de esa lógica, quien gana poco vale poco», afirma Roseli.

Financiera y socialmente desvalorizado, resta al maestro una sensación de abandono.

«El profesor tiene que ingeniárselas en el aula para enseñar y, a la vez, para cuidar de lo que puede suceder allí adentro», dice F., de 28 años. Él es profesor de Educación Física en una institución pública de Vespasiano, región metropolitana de Belo Horizonte, y ha tenido que dejar la escuela escoltado por un oficial de policía después de haber sido amenazado por un estudiante.

El muchacho, después de haber sido reprendido por el maestro a causa de un comportamiento violento durante la práctica de basquetball, regresó a la escuela acompañado por un grupo de no alumnos para «ajustar cuentas» con el profesor.

El docente F. fue capaz de manejar la situación y continúa dando clases en la misma escuela, pero pide no revelar su identidad.

No todo el mundo, sin embargo, supera el miedo y sigue su carrera.

Colega profesional de F., la profesora gaúcha Etienne Selbach Silveira, de 43 años, quien se retiró del campo de juego, después de 21 años de enseñanza, cuando descubrió agresiones virtuales, perpetradas por un grupo de 7 estudiantes del Colegio Nossa Senhora do Bom Conselho, donde daba clases.

«Mi mundo se vino abajo. Nunca había tenido problemas con estudiantes y no sabía lo que era Orkut, hasta que descubrí que en esa red social habían creado una comunidad para hablar mal de mí», recuerda ella, que es hija y hermana de docentes.

Después del shock, se quejó en el sindicato y en la dirección de la escuela.

La comunidad virtual salió de Orkut en 2 días pero, ante el asombro de Etienne, ella recibió una carta de despido pocos meses después.

«Después de eso me di por vencida», cuenta ella, quien ahora trabaja en ventas.
Casos como el de Etienne, en el que el maestro es echado por la escuela, son comunes en las escuelas privadas. «En las escuelas privadas, si a alguien no le gusta algo que hace un profesor, él es despedido», dice Cecília Farias, directora de Sinpro-RS.

Para tratar de cambiar las reglas del juego, hasta el momento desfavorables al docente, se propuso un proyecto de ley previendo medidas de protección para los casos de violencia contra docentes (PL 191 de 2009).

«El proyecto de ley no fue bien aceptado por los congresistas y se encuentra trabado», critica el autor de la propuesta, el senador Paulo Paim (Partido dos Trabalhadores-Rio Grande do Sul).

Una situación similar ocurre en la vecina Argentina. Allí, la tarea de la Unión de los Docentes Argentinos (UDA) para denunciar casos de agresión contra los docentes aumentó un 20% el año pasado.

Preocupado, el organismo propuso un proyecto de ley, pero, al igual que en Brasil, la iniciativa no prosperó en el Legislativo.

«El Poder Ejecutivo y el Congreso Nacional argentinos no reconocieron el problema de la violencia contra los maestros en la escuela», dijo a Istoé, Sergio Romero, secretario general de la UDA.

Y la cuestión no se limita a los países en desarrollo.

En Inglaterra, una investigación recientemente publicada por la Asociación de Profesores informó que un tercio de los tutores y personal de las escuelas había estado en contacto con violencia física en las instituciones educativas.

En USA, la Asociación estadounidense de Psicología en el año 2008 creó un grupo de trabajo para investigar los impactos de los ataques contra los maestros.

En los cálculos del grupo, el problema le cuesta al Tesoro de USA, US$ 1.080 millones por año.

El escenario es desolador, pero algunas iniciativas dan esperanza.

En Minas Gerais, el profesor Kassio Gomes, citado al comienzo de esta nota, se convirtió en el nombre del proyecto para combatir la violencia en las escuelas, en la ciudad de Betim, en la región metropolitana de Belo Horizonte.

Al frente de la iniciativa se encuentra la hermana del docente asesinado, la también profesora y hoy secretaria de Educación del municipio, Sandra Gomes.

«La muerte de Kassio fue un shock, él tenía una buena interacción con los alumnos», dice Sandra.

En Rio Grande do Sul, el homenaje de la Secretaría de Estado de Educación el año pasado a la educadora Glaucia Teresa da Silva, puso fin a un triste episodio.

En 2009, ella sufrió un traumatismo craneal después de ser empujada violentamente por una estudiante de la escuela provincial de Bahia. Volver a dar clases fue un proceso delicado, tanto por las secuelas psicológicas como por el impacto físico de la agresión -Glaucia se vio obligada a usar muletas durante varios meses-.

«Todavía siento miedo de decirle no a un estudiante o simplemente a llamarle la atención en el aula», dice Glaucia.

Sin embargo, ella decidió reanudar su carrera y al frente de un grupo en proceso de alfabetización, desarrolló un proyecto de libro colaborativo escrito por los estudiantes, que se convirtió en una especie de «buena práctica» dentro del sistema escolar gaúcho.

«Éste reconocimiento me ha motivado para hacer otros proyectos y volver apostar a la educación», agregó. Ella es la evidencia de que se pueden dar respuestas lúcidas a las situaciones de violencia, levantando la bandera blanca en el campo de batalla en que se han convertido las aulas.

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