La fundición, en alerta por la profundización de la desindustrialización

La situación del sector metalúrgico atraviesa uno de sus momentos más críticos en las últimas décadas, con una fuerte caída de la producción, pérdida de empleo y un impacto que se extiende a toda la cadena industrial. La fundición, primer eslabón de la metalmecánica, refleja con especial crudeza este proceso de desindustrialización, en un contexto marcado por la apertura de importaciones, altos costos internos y un mercado interno deprimido que limita la actividad de las pymes del sector.
En diálogo con FRECUENCIA ZERO, Pablo Gaspari, presidente de la Cámara de Industriales Fundidores de la República Argentina (CIFRA), advirtió que el nivel de producción local se encuentra muy por debajo de los estándares internacionales y expuso un indicador clave para dimensionar la crisis: el PBI fundidor. Mientras el promedio mundial ronda los 14 kilos producidos por habitante por año, en la Argentina ese número es inferior a uno, una brecha que, según explicó, evidencia el retroceso industrial acumulado desde los años ´80, con pocas y breves excepciones.
Gaspari remarcó que la baja actividad no solo afecta a las plantas, que hoy trabajan en torno al 40% de su capacidad, sino que golpea de lleno al empleo de calidad: en los últimos dos años y medio, el sector perdió cerca del 30% de sus puestos directos, todos registrados y altamente calificados. Además, alertó que por cada trabajador directo de la fundición se generan entre seis y ocho empleos indirectos, por lo que el impacto social es mucho mayor. A eso se suman problemas estructurales como el alto costo de la energía, la carga fiscal y la logística, factores que terminan de erosionar la competitividad frente a productos importados.




