OpiniónSociedadVíctor José Del Vento

DESDE EL ABISMO (LAS MARCHAS)

por Víctor Del Vento

La convocatoria del Gobierno nacional a sus simpatizantes fue un éxito para sus organizadores y adherentes, ¿cómo dudarlo?
La convocatoria a la marcha de Nisman fue un éxito también para sus organizadores y adherentes, y menos se pueden echar sombras sobre sus resultas.

Las argentinas blanco o negro salieron airosas de esta justa por ver cuál de ellas la tenía más larga.
En el medio, la mayoría silenciosa que observa como unos y otros se odian a fe plena.
Los otros se movilizaron para golpear al gobierno dijeron los unos. Los unos fueron por arreados como ganado con un voucher chori-bondi, dijeron los otros.

Lo cierto es que ni todos los que fueron a la marcha de Nisman son gorilas golpistas, ni todos los que fueron a oír a la Presidente fueron arreados. En absoluto. ¿Cómo saberlo? Porqué es imposible determinarlo a ciencia cierta.

Claro que ambos bandos se movilizaron con el odio como el mejor combustible y van a la plaza en ocasiones como esta, como decía Allende (el Bisonte) para que se los coman los leones, siempre representados los reyes de la selva por el sanateo de odio marketinero de toda la clase política, que se electrifican en discursos contra sus pares y les prometen las 7 plagas para después pasar a cobrar por la misma ventanilla, tomarse las vacaciones en el mismo mes y figurar en la gestión del próximo que venga a por nosotros y que hasta ayer puteaban.

Porqué el material combustible de este tiempo no cabe dudas lo constituímos los simples mortales que nos desgarramos a diario en una lucha dialéctica entre las bondades y ruindades de unos y otros. Como nunca las peleas son instantáneas y el fenómeno es nítido en facebook donde lazos antiguos de amigos, familia, etc., etc., se cortan en segundos con letras en imprenta marcando el punto más alto de la furia. Unos y otros hasta ayer amigos, familiares, vecinos, etc., etc., hoy se arrojan puñales defendiendo algo tan insustancioso como la opinión digerida que escupen las fauces de nuestros iconoclastas de la política más berreta.

Se habla de cifras, escándalos, delitos y sensa mais, como si todo ello fuese descubierto por el fruto de desveladas investigaciones propias. Se da fe a lo que dice el palo nuestro y al demonio con los dichos de nuestro oponente. Abrazamos una fe y sacrificamos gallinas a medianoche porqué así lo demandan los enriquecidos popes de nuestos partidos. En aras de imponer nuestro sino le matamos el hamster a nuestro vecinito. Así estamos. Y ellos nos miran desde sus apoltronados cueros y en silencio se mofan de nuestra obediencia debida. La clase política jamás nos tuvo en cuenta salvo a la hora de firmar sus cheques. Para nada. Solo necesitan nuestros votos y todo lo que hacen es parte del cortejo en su prosecución. Nada más. Y así andamos.

Estos son días malos para ejercer el arte de la tolerancia. Pésimos. De lo que se trata es de matar o morir. Ayer, laica o libre, yanques o rojos, del estado o privatizada, etc., etc., pero hoy es Cacerolas vs Chori-Bondis. Es el fin de las utopías, ¿no? Mientras los unos se sacan los ojos con los otros, la clase política muta a nuevas formas y se inserta cada gestión arañando la generosa teta del estado argento.

De este lado, los que no sabemos, ni queremos, ni podemos nos mantenemos a la expectativa. No somos tibios y no es que no tengamos una ideología preclara. Para nada. Lo que sucede es que nosotros los informales, los que descartamos el compromiso tenemos las barbas blancas de tanto pelear por ellos. Por los que tienen todas y cada una de las soluciones para todos los problemas que los argentinos nos empeñamos en crearles.

Ellos sabrán. Lo que es yo: colgué hace rato los guantes en esta pelea de enanos de circo.

«El secreto para vivir en paz con todos consiste en el arte de comprender a cada uno según su individualidad.»
JAHN, Federico Luis 

 

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba
Coronavirus