EditorialSociedadVíctor José Del Vento

¿QUE ES UN DELITO PARA UN POLICÍA?

por Víctor Del Vento

Cuando vemos una y otra vez el video de la agresión homicida de un asesino en ciernes, contra un desconocido que se negó a entregarle un dinero extorsivo “para cuidar su automóvil”, toda posible forma de entendimiento escapa al raciocinio más alucinado.

El delincuente Jorge Abelik, zanja la deuda buitre con un artero golpe que de milagro no le costó la vida al “rebelde”, Leonel Biasutti. Este terminó con la mandíbula quebrada por el trompazo, y con el cráneo roto por la caída. La otra exacerbación de la bestialidad irracional, la constituyen las personas que se encontraban junto al agresor (en su mayoría, parece ser que laderos y/o “personal a su cargo”), que demostraron la misma fe que su pastor, en saber cuál era el estado del joven que yacía inerte a sus pies, y ya no, obvio de pedir auxilio, y/o asistirlo. La secuencia en el video es incontrastable: dos hombres, se acercan y saludan a la irreverente cómplice, -Andrea Jáuregui, la mujer trapito que originalmente discutió con la víctima-, y uno de ellos, de repente, golpea en la cara y a traición a Biasutti, que terminó con fractura de mandíbula y de la órbita del ojo más cinco puntos de sutura en la nuca por el golpe que se pegó contra el asfalto al caer de espaldas, completamente noqueado. El joven quedó inconsciente antes de tocar el frío asfalto, y como parte del procedimiento habitual para ciudadanos sin chapa, empezó con la gira -medio muerto- a ver que hospital público (o lo que en la provincia llaman hospital público …) se dignaba atenderlo. Igual estuvo internado, y ahora espera en su casa a que lo operen en el hospital Bocalandro. Deberá estar más de 40 días con una fijación en la boca que le impedirá hablar y masticar.

Y aquí comienza la etapa “Olvídame y de que modo” del sistema de justicia, que acaece cuando la policía y los funcionarios judiciales y/o políticos, saben que el culpable tiene padrino y/o madrina: se cagan en todo y borran cuanta prueba surja. En este caso, la bestia ésta, -como toda su cría-, eran empleados municipales de San Martín, y se dice que uno de los capos de la barra de Estudiantes de Caseros, condición que obvia toda biografía, carta natal, etc., del susodicho monstruo.

LA MUJER POLICÍA (PERO DE LAS BUENAS, LAS QUE SIRVEN …)

Pero no contaban claro, con la pertinaz condición de loba, de Patricia, la madre del cachorro herido, qué cuál Angie Dickinson, tras haber intentado escalar el muro policial de protección -a cambio de divisas de los lúmpenes de uniforme-, sumado al muro político de la mafia municipal de la intendencia, -a cambio de tropelías políticas varias-, donde el caco también era ciudadano con handicap, decidió hacerse sola a la calle para recaudar elementos de prueba.

En esta era de Gran Hermano, no es inusual que cámaras de vigilancia registren lo que sucede en las salvajes calles de nuestras ciudades. Claro que para que esas filmaciones salgan a la luz, es indispensable que las cámaras estén en manos de privados, porque las policiales y/o municipales, en muchos casos a la fecha, parecen ser “Made in José Feliciano”, ya que no registran nada de lo sucedido, porque suelen ser convenientemente borradas las grabaciones por las fuerzas policiales desechando así todo medio de prueba. Y así pasó en este caso.

A pesar de que la policía llegó primero al local del dueño de la cámara que registró todo, estos le birlaron la grabación y borraron todo, pero este buen ciudadano, con tino, guardó una copia. La madre impaciente no esperó y con su celular grabó la reproducción del video en la computadora personal del comerciante y con ese video de baja calidad recorrió los canales y la historia se difundió y el muro de protección se derrumbó en un tris. Luego aparecieron en cadena el intendente Gabriel Katopodis y el jefe de policía, con una catarata de naderías insustanciales que desparramaron como las 20 verdades, mostrando que son más de lo mismo. Pero la verdad barre con la basura más tarde o más temprano.

SAN FERNANDO

La madre de Abelik y Jáuregui, a continuación, con la mediatización del caso, convirtieron a Abelik en San Francisco de Asís y a Biasutti en el hermano malo de Hitler. Pero la tarea de la canonización es ardua y por eso la madre de Abelik y la trapito Jauregui salieron a los medios a beatificarlo. Habló la madre del agresor: «No lo ensucien, lo quiere todo el mundo» También negó que sea trapito o barrabrava. Lamentó la agresión y dijo que Leonel Biasutti, el agredido, «había increpado a la mujer trapito» y su hijo «salió en defensa de la chica». «Fernando hace 7 años que trabaja en la Municipalidad de San Martín, puede hablar cualquiera de los directores de cómo es, lo quiere todo el mundo. Fernando «salió en defensa de la chica», aunque aclaró: «como madre es una barbaridad el sopapo que le dio, me imagino a la madre de él también». ¿Lo salva o lo entierra más? Y, lo conocían -segun la mami- todos los directores.

«Como madre lamento lo del chico pero tampoco ensucien a mi hijo porque es un bruto», reafirmó con ganas. «El periodismo nos destrozó porque hablan cosas que no son, que son mentiras», comentó y en ese marco negó que su hijo sea barra del club Estudiantes de Caseros. «A Fernando no le interesa el fútbol», indicó (lo mismo que al resto de los barras bravas del universo, aclaro yo).

La otra joya de la corona es la “Miss trapito» que acusó al joven golpeado de «violencia de género». Andrea Jáuregui es la joven que se ve en la filmación antes de que golpeen a Leonel Biasutti. Dijo que el joven la insultaba y quería golpearla. «Las víctimas terminamos siendo nosotros», dijo.
Aunque la película (de la cámara de seguridad) cuenta otra historia y acusó a la víctima del ataque de «violencia de género», de insultarla y de querer golpearla. Y cuál Niní Marshall agregó: «la ley contra la violencia de género se la pasan por cualquier lado, menos por la conciencia». La película versión Jauregui dice que «aparece de la esquina (de un boliche) y quería golpearme». “Se baja del auto con una jarra de vino y lo único que hace es insultarme y gritarme, y me dice que es hijo de un fiscal». Ahí, según Jauregui, cuál Batman, surge Abelik y sus amigos, y le dice: «Respetá que es una mujer». «Este chico, que le digo ‘El Gordo’, le pega una trompada y nos acercamos a auxiliarlo (a Biasutti), se llama a la ambulancia y viene la policía, se lo trató muy bien», continuó la mujer.
A todas luces, en la filmación exhibida, más en la parte que no se exhibió, es claro que nada de esto sucede acorde al relato de Jauregui, y que ninguno de ellos llamó a la ambulancia.

UN CASO TESTIGO (MÁS … Y VAN)

Dícese de aquellos hechos que sientan un precedente y en ocasiones modifican el status quo de las instituciones que componen una sociedad. ¿Será este uno de esos casos? (no parece …)
Pero con esta nota pretendo dejar por escrito un interrogante que hace tiempo (siglos diría … ) me carcome el cerebelo. Y es una pregunta que de tan obvia cuán sencilla, asusta: ¿que es un delito para un policía? Y si. En este caso, la madre de la víctima se encontró con la institución al servicio de quienes originaron su creación: los delincuentes, y estos no le tomaron la denuncia.

Lo cierto es que hace rato la policía se convirtió a la fe de los que deberían combatir y les han vendido su alma y su arma reglamentaria. Es que hace rato saben que no combatir el crimen es una magnífica carrera empresarial y altamente rentable, donde además nadie les dispara.

Pero a la sociedad nos muestra cada tanto (por ejemplo en la comedia negra: Los Lanatta & Schilachi, un trío sin igual) cuán severas son las autoridades políticas y los funcionarios que debiesen controlarlos, porque cada tanto echan “a la cúpula” y descabezan el organigrama, para de esta manera pasarlos al sector privado donde nos venden seguridad en forma de lustrosas empresas que cada tanto asaltan las empresas y/o propiedades que los contratan para vigilar.

¿Pero todos los policías son iguales? Tal vez, no. Pero cada vez se esfuerzan en igualarse más. En cuanto delito pesado surge, aparece un uniformado como parte de la banda.

Y ello me conduce a la reflexión antes mencionada: ¿cómo podemos saber los mortales que es un delito para los policías? ¿No tendrían que editar un “vademecum” de delitos que siempre podremos denunciar porque nos tomarán la denuncia y además se dedicarán a la investigación del hecho y no solo a llevarse souvenirs de la escena del crimen.

En este caso, el delito fue en provincia pero en capital y el resto del país es lo mismo. Protección a narcos, prostíbulos, barra bravas, manteros, y toda una fauna que hace que la sociedad se despierte cada día con un nuevo apocalipsis. Y así estamos. Y que no me vengan a hablar del pobre vigilante. Ese es una estampita del pasado, ya.

Así las cosas, sabemos por donde pasa la utopía: por una policía que no robe, mate, prohije ni mangueé. Una policía que nos permita entrar a cualquier comisaría sin estar aterrorizados o sin esperanzas de que las cosas se aclaren alguna vez y cuelguen de un gancho al violador y asesino y no a la minita porque llevaba una mini. Pero eso será en otro mundo, en otra vida. En el mientras tanto, los argentinos solo tenemos una esperanza cuando sufrimos un delito: la prensa y su difusión y algun poli de peso en la familia, de esos que viven con un salario normal, pero con una conciencia platuda por lo amoral.

Protegernos y servirnos (a nosotros y a los nuestros)

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