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LA TOMA: ANALIZADOR DEL MACRINARCISIMO

por Alfredo Grande (APE)

“A la gente loca, la vida le da sorpresas. A la gente sana, la vida le da tristezas”
(Aforismo implicado)

Más que un ping pong de preguntas y respuestas frente a diputados de la oposición, alumnos, padres y docentes, el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, tuvo que pararse ayer frente a una máquina lanzapelotas que no le dio respiro a lo largo de cuatro horas. En ese tiempo, escuchó críticas muy duras por las demoras en las obras de infraestructura educativa y por el memorándum que propició la intervención policial en los colegios. Distintos expositores coincidieron en que la medida “es autoritaria” y tiene “resabios de la dictadura militar”. Bullrich juró que “nunca se tuvo la intención de perseguir o sancionar a nadie. Sólo se quiso preservar a los chicos”. Todos los oradores cuestionaron el memorándum que propicia las “listas negras”.

La crítica más dura fue del diputado Marcelo Parrilli. Comparó la medida macrista, que propicia la identificación y denuncia policial de los alumnos que participan en la toma de escuelas, con “la directiva 504/77 firmada por Jorge Rafael Videla” en plena dictadura, en el marco de “la lucha antisubversiva”. Bullrich estalló y dijo, muy enojado: “Nunca se puede comparar una medida dispuesta por un gobierno democrático, elegido por el voto, con la disposición de una dictadura a la que nadie eligió”. Sobre el final, Bullrich reconoció que los reclamos de los alumnos “son legítimos”, aunque insistió en que “deben levantarse las tomas de los colegios, porque ésa es una forma ilegítima de peticionar”.
(Página/12, Carlos Rodriguez)

Cuentan que Cicerón se dirigió a Catilina y le espetó: “quousque tandem Catilina, abutere patienta nostra?” En realidad es el comienzo de las Catilinarias, en las cuales el cónsul Cicerón ataca a la intrépida y golpista Catilina. La traducción no literal sería: “me tenés los huevos al plato, me tenés”.

Un ministro de educación del linaje de Bullrich reprobaría inmediatamente por improcedente esta traducción. Sin embargo, es difícil hacerlo con una expresión que traduzca mayor justeza. Sin embargo, aquietadas las aguas, los dislates del ministro son útiles para realizar un análisis del discurso de la derecha. Uno de sus primeros elementos es siempre el respeto a la Ley. No importa si se cumple o no se cumple. Incluso si vale la pena cumplirla, porque muchas veces las condiciones concretas de existencia han variado y el bien supuestamente tutelado ni siquiera existe. “Dura lex, sed lex” sería el latinazgo apropiado cuya traducción no literal es: “tiene razón pero marche preso”. Un memorandum tiene un rango muy inferior a una Ley, es algo así como un sub oficial de cuarta frente a un general majestuoso, más allá que algún general majestuoso hizo de la borrachera un acto de servicio. Incluso un decreto de necesidad y urgencia tiene algún barniz republiquete. Pero un memorandum es algo así como el eructo de un funcionario.

Ahora bien: si a esta altura de los acontecimientos, patovica más, gatillo fácil menos, alguien puede creer que la policía pueda cuidar a alguien, o es un delirio o es una complicidad intelectual alarmante. Sin embargo, para el pensamiento de derecha la Autoridad, ante la cual no cabe resistencia, es la única fuente de razón (represora) y de (in) justicia. Los paréntesis incluyen lo que el discurso represor oficial esconde. Esa es la lógica con la cual algunos jueces validan la restitución de niñas y niños abusados a sus familias de origen, propiciando y siendo cómplices de nuevos abusos y maltratos. Mejor cualquier padre que ninguno es una penosa y siniestra forma de sentenciar a cadena perpetua a la niñez. Cuando sean liberados, los daños ya serán permanentes.

El segundo elemento presente siempre en el discurso de la derecha es la negación maníaca (absoluta) de la realidad. Es el triunfo total del gato por liebre, aunque ni siquiera son gatos. “Es malo, pero es queso”, remataba un chiste que oía en mi niñez, que era de gallegos pero que ahora no me atrevo a mencionarlo en esos términos. Hora apenas menciono que se trataba de una persona obcecada. Aunque le hubiera caído una rata en la cabeza, o se hubiera desplomado al intentar bajar una escalera, el ministro del imposible hubiera mantenido su discurso sobre la mayor inversión en educación que en períodos anteriores. La única manera que tienen de enfrentar la realidad es comparando con épocas supuestamente peores.

Si la izquierda pretende, admitamos que con logros acotados, transformar la realidad, la derecha, no por modesta, sino por perversa, busca transformar al sujeto para que no intente transformar la realidad. Por eso enloquece, casi literalmente, frente a Las Tomas. Por que son personas, no casualmente jóvenes de cuerpo y alma, que no aceptan que “por algo será”, que “no hay otra”, o que “es lo que hay”. Son a mi entender la otra juventud maravillosa, que sin pedirlo pide que esta vez no la traicionemos siguiendo los cantos de sirena de caudillos y alcahuetes.

Esta juventud de Las Tomas no necesita conocer, en el sentido clásico, la historia pasada. La sabe porque actúa, interviene, subvierte la insoportable pesadez de la crónica del presente. Y entonces abre nuevamente la dimensión del futuro. Sin pasado y sin futuro, el presente es apenas un instante. Y no se trata de deslumbrar, en esos 30 segundos de fama que sostiene la infamia de Tinelli. Lo que pretenden Las Tomas es alumbrar. Como allá lejos en el tiempo pero cerca en la historia alumbró la Reforma Universitaria de 1918, que fue en verdad, una Revolución en la educación argentina. La Toma de todas las Tomas. Pero en algo le doy la razón al ministro Esteban Patio Bullrich: “Nunca se puede comparar una medida dispuesta por un gobierno democrático, elegido por el voto, con la disposición de una dictadura a la que nadie eligió”. Es cierto: es muchísimo peor. Un gobierno democrático que hace de la represión un leit motiv, es un lobo con piel de cordero. Y aunque se vista de seda, o de armiño, o de armani, lobo se queda. Claro que es peor, porque prostituye y corrompe el fundante de la democracia. Y porque escondidos en las enaguas de la república, maquinan y complotan para denigrarla hasta el límite del no retorno.

Lamentablemente, patio Bulrich reconoce que los reclamos son legítimos. Pero Las Tomas no, porque es una forma ilegítima. Nuevo error de nuestra Catilina Pro, que por cierto, abutere de mi paciencia. Es ilegal y ese es su mayor mérito. Pero tiene una legitimidad que la derecha no puede entender. La legitimidad que encontré en la Granja Azul de la Fundación Pelota de Trapo, cuando los educadores discutían sobre la crianza compartida. La legitimidad de las empresas recuperadas, como IMPA, BAUEN, La Toma que fuera el supermercado Tigre, FASINPAT, que supo ser Zanón. Y esa legitimidad que la derecha desconoce, se llama autogestión. Con 24 años de cooperativismo de trabajo, no sé porque lo digo, sino que lo digo porque lo vivo cotidianamente. Que algunos llaman democracia directa. Y que la derecha repudia como anarquía. Autogestión que atraviesa el corralito y el corralón del estado, para volver a TOMAR aquello de lo que fuimos despojados. Pensamos que si bien hablamos de desocupados, nadie habla de desterrados. Casi toda la población ha sido desterrada, nos han robado nuestra tierra material y nuestra tierra simbólica. Estos jóvenes, que don Esteban Patio Bulrich no puede entender aunque lo quisiera, y no creo que lo quiera, están poniendo el cuerpo y lo están dejando. Y lo están dejando en su tierra, que es la escuela donde estudian. Allí deben estar, porque esa es la tierra de la fratria, la tierra de los hermanos.

Como dijo Scarlett O Hara, la heroína de Lo que el Viento se Llevó (que descuento el ministro ha visto). “La tierra permanece”. El macrinarcisismo ni siquiera puede ver sus propias narices. Estos jóvenes miran y observan todas las tierras que tenemos para recuperar. Y la vida, por cierto, siempre nos da sorpresas.

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