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FINALIZA EL PLAN PEATONAL EN EL MICROCENTRO

El Microcentro y el Casco Histórico, gracias a la intervención de las calles Esmeralda y Moreno en el primer semestre del año, pasarán a sumar cerca de 100 cuadras peatonales y se convertirán definitivamente en una zona amigable para los oficinistas y turistas.

El Gobierno de la Ciudad puso en marcha en el 2008 el plan “Prioridad Peatón”, con el objetivo de desalentar el uso de autos particulares y recuperar el espacio público. El mismo finalizará en mayo con la puesta en valor de Esmeralda, entre Santa Fe y Avenida de Mayo. Previamente, en marzo, terminarán las obras en Moreno, entre la diagonal Julio Argentino Roca y la calle Defensa, en lo que se conoce como la Manzana de las Luces.

A diferencia de las históricas peatonales Lavalle y Florida, las cuadras intervenidas por este proyecto son semi-peatonales y dejan un carril para el paso de autos (con un permiso especial), así como de taxis, motos, ambulancias y patrulleros. Según el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, esta disposición tiene triple función: impide el desembarco de los manteros, conserva el trabajo de los garajes y beneficia a las personas con movilidad reducida, como ancianos o embarazadas.

En las primeras dos etapas del programa, el Gobierno porteño trabajó en las calles Bartolomé Mitre, Sarmiento, San Martín, Reconquista, 25 de Mayo, Marcelo T. de Alvear, Suipacha, Perón, Maipú, Alsina, Perú y Bolívar, donde se unificó la calzada con la vereda, se mejoró la iluminación y se plantaron árboles. También se avanzó con la instalación de contenedores soterrados. Los resultados están a la vista: hay más movimiento en los horarios post oficina, los bares sacaron las mesas a la calle y la cantidad de autos en la zona se redujo en un 70 por ciento. “Además de ser un área más bella, el Microcentro también registra menos polución y menos contaminación sonora”, puntualizó el funcionario a La Razón.

Aunque en los primeros tiempos hubo cierta resistencia de los vecinos, en la actualidad la aprobación es unánime. “El cambio fue para bien, ahora da gusto salir a comprar la comida y distenderse un rato”, opina Maxi, que trabaja en una empresa de computación en Perú y Avenida de Mayo. “Una de las cosas que más valoro es no tener a los colectivos a tres centímetros del cuerpo ni caminar a los empujones por las veredas de dos baldosas”, adhiere Cecilia, que estudia inglés en Maipú y Viamonte.

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