¿Vaca Muerta en jaque por la captura de Maduro?

La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos abrió un nuevo escenario de tensión política y económica a escala global, con impacto directo en el mercado energético. Venezuela, dueña de una de las mayores reservas de petróleo convencional del mundo, vuelve a quedar en el centro de la disputa geopolítica por el control de los recursos estratégicos, en un contexto internacional ya marcado por conflictos, incertidumbre financiera y reacomodamientos de poder. Para la Argentina, el movimiento no es ajeno: la evolución del precio del crudo y el flujo de inversiones resultan claves para el futuro de Vaca Muerta y para una economía altamente dependiente del ingreso de dólares.
En diálogo con FRECUENCIA ZERO, el economista José Castillo advirtió que la captura de Maduro debe leerse como una agresión de carácter imperialista y no como un gesto en defensa de la democracia. Según explicó, la estrategia de Donald Trump responde a una lógica mercantilista, previa incluso al liberalismo clásico, basada en la imposición de zonas de influencia mediante el poder del Estado. En ese marco, anticipó que el aumento de la incertidumbre global impulsará una suba del oro y un “flight to quality”, con capitales refugiándose en Estados Unidos, mientras que el petróleo podría bajar de precio si Washington logra apropiarse del crudo venezolano, afectando de lleno a los proyectos no convencionales.
Castillo remarcó que un escenario de petróleo barato sería “todo negativo” para la Argentina, ya que el fracking solo es rentable por encima de los 40 dólares el barril, y una caída sostenida haría inviable la llegada de inversiones a Vaca Muerta. Además, alertó sobre el riesgo político y jurídico que enfrenta el país al romperse reglas históricas del comercio internacional, recordando que gran parte de la deuda argentina está bajo legislación estadounidense. “Si se naturaliza que una potencia puede intervenir militarmente por razones económicas, mañana podrían exigir YPF”, sostuvo, y concluyó que una América Latina convertida en zona de conflicto espantará inversiones y profundizará la fragilidad externa argentina.




